Lo decidí ayer pero lo llevo a cabo hoy. Echo el cierre de Tokio. Cuando he salido esta mañana a la calle me ha llegado una oleada de viento, aire cálido y pegajoso, agobiante. Calor del desierto. No es que el ya haya consumido al pre, sino que el sentido del blog se ha esfumado. Tampoco es una decisión motivada por la maldita crisis, yo sigo igual, con crisis o sin crisis. He dado los últimos vistazos a los últimos comentarios por última vez. Me he emocionado con la entrada de Rowin sobre La crisis de Einstein. Cuanta razón… me he divertido un rato visitando a mis asiduos. Se acabó. Mucha salud y si hay algo para recordar que sea eso, Tokio sí nos quiso.
viernes 23 de enero de 2009
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